AVEDA

Antonio Silva Aranguren 
2 de noviembre de 2026

En La formación de un caraqueño (Editorial Planeta Venezolana, Caracas, 1994), el primer tomo de sus memorias, Enrique Tejera París cuenta una anécdota que merece recordarse. Cuando todavía era un joven que se planteaba estudiar Derecho, Federico Álvarez Feo, amigo de su padre, le hizo una recomendación: «Dedícate al Derecho Administrativo, ese es el futuro».

Álvarez Feo conocía bien la disciplina. Había estado al frente de la cátedra de Derecho Administrativo de la Universidad Central de Venezuela desde la reapertura de la institución hasta 1929. Le hablaba entonces alguien que había dedicado buena parte de su actividad académica a una materia que todavía no tenía en el país el desarrollo ni la presencia que alcanzaría en las décadas siguientes. No era sin embargo su profesor. Cuando Tejera París ingresó en la carrera de Derecho, en octubre de 1936, Álvarez Feo llevaba varios años apartado de la cátedra. La recomendación debió de producirse en el ámbito de la amistad que lo unía con su padre.

En aquellos años, el Derecho Civil conservaba un lugar predominante en la formación de los abogados. Contaba con una tradición doctrinal consolidada y con un repertorio de obras y autores que constituían referencias habituales para los estudiantes. El Derecho Administrativo tenía otra historia. Su enseñanza universitaria era todavía relativamente reciente y la producción doctrinal venezolana apenas comenzaba a tomar cuerpo. Álvarez Feo había contribuido a ese esfuerzo con sus lecciones en una época en que la disciplina buscaba abrirse paso en las aulas.

La frase tiene interés por lo que revela de la mirada de quien la pronunció. Álvarez Feo veía posibilidades en una rama del Derecho cuyo desarrollo estaba ligado a la transformación del Estado y al crecimiento de la actividad administrativa. El aumento de las funciones públicas, la aparición de nuevas formas de intervención estatal y la multiplicación de las relaciones entre la Administración y los particulares iban a plantear problemas jurídicos cada vez más complejos. Era razonable pensar que una disciplina llamada a ocuparse de esas cuestiones tendría un amplio campo por delante.

El pronóstico no carecía de fundamento. Con el tiempo, el Derecho Administrativo ganó espacio en las universidades, se incorporaron nuevos profesores, aparecieron publicaciones y se desarrolló una doctrina venezolana de considerable importancia. La disciplina pasó a ocupar un lugar central en la enseñanza jurídica y se convirtió en indispensable para comprender la organización y el funcionamiento del Estado.

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